El Rancho. Blog Itacate.

El Rancho.

Este martes, mis comadres y yo decidimos tomar otro rumbo e ir a cenar fuera en vez de quedarnos a jugar baraja en casa.  alguien propuso ir a El Rancho y la verdad a todas nos pareció una excelente opción para medir nuestra voluntad contra la dieta. 

Pensamos que iba a estar tranquilísimo pues no era un día que tradicionalmente esté lleno un restaurante y no es diciembre.  Cuál fue nuestra sorpresa que no nada más el restaurante estaba casi lleno, sino que los salones de fiesta también lo estaban.  Además en el comedor había dos mesas kilométricas que yo pensé que sería alguna oficina celebrando algo pero no, era un cumpleaños de esos que reservan para diez personas y luego hablan para agregar 5 más a la reservación y a la hora, otras cinco y así eran mesas de 25 personas cada una, mas todas las demás que estábamos ahí.  Un gusto pues no siempre ha sido así.  En años pasados a El Rancho, le tocó bailar con la más fea y “contra viento y marea” se mantuvo estoico y permaneció dando servicio y sirviendo los platillos más representativos de la cocina mexicana y entreteniendo con sus mariachis, “fara faras” y grupos de baile folklórico a propios y extraños.  Con toda la ocupación de la que les hablo, mis comadres y yo nos estacionamos casi en la puerta del restaurante pues no había lugar en el gran estacionamiento con el que cuenta.

Una recomendación para las que están a dieta: no se expongan a hacer el ridículo que yo estuve a punto de hacer: pedir un plato de pechuga de pollo a las brasas con verdura y pedir que por favor no te pusieran los deliciosos totopos con salsa calientita y las tortillas recién hechas, pues no quieres tentaciones.  No.  Es una magnífica opción para “dejarte caer” pero en serio, pues si no es con estas bases que acabo de describir, no vale la pena romper ninguna dieta. 

Convencidas ya de nuestro destino, procedimos a darle en la torre a las incipientes dietas que como siempre, acabamos de empezar el lunes.  Así que para empezar pedimos unos panchos, que son unos nachos con carne y frijoles, muy buenos; unos “caprichos de la comadre”, que son chiles rellenos de queso y envueltos en tocino; un chicharrón durito y unos champiñones al ajillo que estaban increíbles, deli; además de un guacamole.  La carta es muy extensa, llena de antojitos mexicanos, sin faltar el cabrito, la carne asada y las carnitas de puerco, que son las que hicieron famosas a este restaurante de tradición. 

Pedimos fajita al cazo que es un platillo que no podrán probar en ningún otro lugar y que lo distingue desde hace mucho tiempo, un plato de carnitas surtido (maciza, cuerito, etc.) y las mejores enchiladas rojas que he probado en mucho tiempo.  Y como ya andábamos en eso, yo que no como azúcar hasta un café de olla pedí y pues ya entrados en gastos un flan napolitano y un pay de queso con chocolate que estaban buenísimos los dos pero el pay estaba excelente y según me dicen lo hacen ahí mismo.  Por si esto fuera poco, ¿ya vieron la cantidad de cosas que pedimos? Pues fueron un poco más de 800 pesos con todo y las bebidas, que aunque nadie pidió alcohol, todas pedimos una o dos bebidas.  Contentísimas con la cuenta.

Nos contaron que pronto, tipo en tres semanas, abrirán un café ahí mismo en el área del estacionamiento y como todo lo que hacen, sabemos que será un éxito. 

Gracias a la familia Manzilla por permanecer, gracias a la gente que ahí trabaja por apoyarlos y hacer un gran esfuerzo por seguir trayendo lo mejor que tenemos en este país al mundo pues ¿se pueden imaginar a Nuevo Laredo sin su restaurante El Rancho?  Ya es parte de sus activos turísticos y sus lugares obligados.  

 

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