Reseña, “La Laguna”. Blog Itacate.

La Laguna
Desde siempre, encontrar un buen restaurante de comida mexicana en Estados Unidos era todo un hallazgo, pero encontrar uno mexicano de mariscos, de esos tipo veracruzano o acapulqueño lo era todavía más.

Pues qué les cuento, que eso, al menos en Laredo, Texas, ya cambió y ya se pueden encontrar opciones muy buenas.

Esa fue la impresión que nos llevamos del restaurante La Laguna hace unos días, cuando nos decidimos por fin a ir, después de comentarios muy positivos de mis compadres. 

La sucursal de Shiloh, que fue la que visitamos, no evoca mucho más por fuera que la mayoría de los restaurantes de “aquel lado” construidos en centritos comerciales sin mucha personalidad (pero con mucho estacionamiento), algo que no me gusta mucho pero al final es lo que menos importa cuando lo que se desea es una buena comida, en un buen ambiente.

Y eso fue lo que nos encontramos ahí. Para comenzar: un ambientazo, el lugar estaba ll-e-n-o hasta las manitas, con gente en “lista de espera”, por lo que nos armamos de paciencia y tratamos de disimular la cara de hambre que nos producía ver las canastitas de totopos con unas salsas de colores que se veían buenísimas servidas en cada mesa y que resultaron muy buenas: de “lights” a picositas, ricas.

A pesar del filón, la espera no fue demasiada. Nos asignaron un boot e inmediatamente nos atendieron.

De entrada nos llevaron un clamato y una limonada. Ambos buenísimos y reparadores a pesar de que no pedimos el clamato con camarones que nos sugirió la mesera, porque nos pareció un “poco demasiado”.

Revisamos la extensísima carta que tienen y nos decidimos de entrada por unos camarones al aguachile muy bien preparados, tal cual como dice el “manual” y además, de muy buen tamaño y cantidad.

Luego le pegamos a un caldo de pescado, excelentemente condimentado, me transportó de hecho a las playas veracruzanas en un instante y me sentí rodeada de palmeras borrachas de sol que me decían que no la hiciera de jamón porque las verduras eran congeladas (según me terminó confesando la simpática mesera), pero no les hice caso y claro que hice mi recomendación formal ahí mismo: siempre es mejor lo fresco. A pesar de eso el caldo estaba muy bueno, muy bien servido y evocador, lo recomiendo. 

De ahí pasamos a la ensalada que fue lo que más me llamó la atención del menú: ensalada césar con tilapia, una muy brillante combinación además de muy buen sabor y consistencia. Aclaro que pedí el aderezo por separado y así lo agregué al gusto, para irle administrando a las calorías.

Luego nos trajeron un cevichito de pescado que se veía muy convencional, con chile, tomate y cebolla, pero que parece que estuviera marinado en alguna fórmula especial, porque tenía un sabor riquito y fresco, como mejor se antoja.

También el filete de pescado a la plancha que comimos al final, que con su guarnición de arroz blanco y ensalada, terminó de reforzarnos la convicción de que estábamos en el lugar correcto, si lo que buscábamos era esa sazón veracruzana tan nuestra.

Ya nomás de curiosa, le dí una leída extensa al menú “para antojarnos para la siguiente ocasión”. Las enchiladas suizas rellenas de marlín me llamaron la atención y juro que las probaré.

Conclusión: La Laguna es una de esas pescaderías muy mexicanas, no precisamente de las que están al lado del mar más bien de esas que siempre están a reventar, con un olor que antoja y una atención cálida y rápida.

Cada vez encontramos mejores opciones de comida auténtica, ya sea mexicana o texmex, pero auténtica. Eso es una ganancia para nosotros. 

Por otra parte, si cada vez que vamos a un restaurante exponemos nuestros gustos, lograremos tener una oferta gastronómica adecuada, a la que volveremos siempre con muchas ganas y con mucho antojo.  

 

 

 

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