Reseña, “Tack Room” Laredo, Texas. Blog Itacate.

 

TACK ROOM

En el primer cuadro de la Ciudad de Laredo, Texas, solo cruzando el Río Bravo por el puente número 1, se encuentra esta joya de restaurante que fue creado hace más de 30 años en uno de los edificios más emblemáticos de nuestra región, el hotel La Posada.  Una casa del siglo diecinueve, en origen de una de las familias más prominentes de la Ciudad.  Cuentan sus colaboradores, muchos de ellos están desde sus inicios en los años 80’s, que este restaurante fue por tradición lo que ahora conocemos como el “pre” y el “after” de una de las actividades que le daban a Nuevo Laredo, otro más de sus atractivos: el hipódromo.  Y que tanto los jockeys como los asistentes al hipódromo, eran los que llenaban este lugar así como los tradicionales Dorado, Victoria 3020 y Cadillac, que eran ejemplo como muchos otros de la región fronteriza, no nada más aquí sino en   Reynosa-Mcallen y Matamoros-Brownsville, Pues de estos restaurantes con ese aire de bonanza, tradición y prestigio, solo nos queda el Tack Room. 

Decidimos ir ahí el sábado en la noche pues sería una noche familiar pero también de amigos.  No es necesario reservar,  pero estuvimos a nada de no encontrar mesa y haber tenido que esperar en el bar, desde luego esto no hubiera sido ningún sacrificio y dicho sea de paso cuenta con una barra de madera labrada, muy cómoda.  No se preocupen por el estacionamiento pues es el mismo que el del hotel por lo que lo dejas ahí mismo.  Me encantó experimentar el comer en vajilla de pewter y que nada más sentándote te llenen la copa de agua con hielos, desde ahí te das cuenta que son buenos anfitriones y que como tal te van a atender.  También nos llevaron pan recién salido del horno.  De entrada pedimos Caracoles Burgundy, que ya no los sirven en los caparazones, pero vienen muy bien presentados montados en champiñones salteados y unos Crab cakes que estaban deliciosos.  La carta de vinos tiene algunos españoles, algunos italianos y la mayoría de la región de Napa y nos comentaban que era una selección hecha por los dueños y los administradores del lugar.  Para el plato fuerte unos queríamos carne de res y otros queríamos pescado, así que nos decidimos por el churrasco Tack Room y por el Salmón con mantequilla de eneldo y esto nos dio derecho a consumir en la barra de ensaladas, que es una de las mejores que he probado.  Tienen un cajón frío de donde sacas un plato hondo de muy buen tamaño, hojas de lechugas, corazones de alcachofa, corazones de palmito, anchoas, aceitunas, queso parmesano rallado, semilla de girasol y cuatro aderezos que obvio pregunté si eran comprados del súper o si los elaboraban ahí y para mi sorpresa eran elaborados ahí, Blue cheese, treasure, ranch y balsámico.  El salmón no estaba en el punto que en lo particular me gusta pues se me hizo un poco seco, pero la carne estaba ¡espectacular!  Bien hecha, el término correcto, jugosa por dentro y con esa costra ahumada que le da el manejo perfecto de las temperaturas en las brasas.   Ambos platillos venían acompañados de unas verduras salteadas con aceite de oliva simplemente perfectas y los platillos con carne de res de una papa colosal, pues el plato (de pewter) era grande y la papa abarcaba una tercera parte de él.  Junto con tu plato te llevan varios implementos para que prepares la papa a tu gusto: tocino, crema, queso cheddar rallado y cebollín rebanado.   El postre lo esperaba con mucha ilusión pues una vez anterior habíamos pedido su platillo estrella que es el Banana Foster flameado con Grand Marnier en tu mesa, pues como podrán darse cuenta es mucho más que un postre.  Es el “show” de cómo lo preparan, lo flamean y lo presentan para tí de una manera que ya en pocos restaurantes se estila.  Esta ocasión no hubo “show” pues me comentaron que el procedimiento solo es posible cuando el restaurante no está tan lleno.  Una noche de buena comida y buena compañía.  No dejen de incluirlo en su lista de próximas visitas.  Muy recomendado.

 

 

 

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